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El OBD alerta de los riesgos del acceso a medicamentos y alimentos en Internet

29.05.2019

La digitalización del consumo en lo que ya se conoce como economía de las plataformas está popularizando la adquisición en línea de todo tipo de bienes, también de medicamentos y alimentos. Esta práctica, si bien puede comportar beneficios diversos, implica igualmente riesgos para la salud y la intimidad de las personas. Aun y las ventajas evidentes de las nuevas tecnologías y la venta en línea, ¿somos conscientes de los riesgos que supone la compra por Internet de medicamentos y alimentos? En el último de sus documentos, el Observatorio de Bioética y Derecho (OBD-UB) identifica los principales problemas con relevancia bioética del acceso digital a medicamentos y alimentos, y da recomendaciones específicas dirigidas a los poderes públicos, los operadores económicos y la ciudadanía para garantizar la seguridad y la responsabilidad en los intercambios digitales.

Elaborado con el apoyo de “la Caixa”, el documento ha sido coordinado por los miembros del OBD-UB M.ª José Plana, abogada y codirectora del Máster de Alimentación, Ética y Derecho de la UB; el profesor Manuel López Baroni, de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla), y Lluís Cabré, médico y miembro de la Comisión Deontológica del Colegio de Médicos de Barcelona, así como presidente de la Asociación de Bioética y Derecho.

La distribución en línea de medicamentos y alimentos, una cuestión de salud publica
El documento comienza poniendo de manifiesto que, hoy por hoy, a través de Internet es fácil adquirir medicamentos y alimentos que ponen en riesgo la salud individual y colectiva. La oferta se canaliza a menudo por medio de un mercado paralelo que permite al usuario acceder a productos ilegales, de baja o nula calidad, y que conllevan riesgos para la salud.

El documento aporta algunos ejemplos, como el de los productos con sustancias no autorizadas, elaborados en establecimientos no sujetos al control público y fabricados sin garantías sanitarias; los alimentos frescos que se envían por correo postal ordinario al consumidor, sin garantía de mantenimiento de la cadena del frío; los complementos alimenticios hechos con variedades vegetales protegidas; las vacunas y otros productos que escasean en la farmacia tradicional (por ejemplo, la vacuna de la meningitis) o, incluso, los productos falsificados o la mercancía robada.

Respecto a los medicamentos, el documento indica que «la ausencia de cobertura sanitaria o de pago a cargo de la Seguridad Social empuja a determinados sectores de la población a canales de venta a bajo precio». Recuerda, sin embargo, que «la oferta ilegal de medicamentos no solo causa daños a quien los usa, sino también a la salud pública, al sistema sanitario, al titular de la marca y a la confianza del usuario».

Por otra parte, el documento recalca la importancia económica del mercado ilegal de alimentos, y señala que Europol ha constatado que una parte de los grupos que se han dedicado durante años a la venta ilegal de medicamentos en línea está dejando estos productos y pasando al mercado de alimentos, que es mucho mayor y menos arriesgado, y en el que, en muchos casos, el cliente no es consciente de que el producto es ilegal.

Pero es sin duda una aportación significativa de este documento el hecho de remarcar que estos intercambios de riesgo no solo se hacen a través de un mercado clandestino, sino también a través de plataformas digitales populares, aunque las reglas de la plataforma prohíban la venta de medicamentos y limiten las condiciones de venta de alimentos.

Esto es posible, en parte, porque para las autoridades de control sanitario controlar «el mercado digital es más complicado que controlar el tradicional: los protocolos diseñados por las autoridades y la formación del personal de control y sus equipos no están adaptados al mercado digital». Los autores defienden que «Internet no puede ser un ámbito de impunidad y de irresponsabilidad», lo que requiere «extremar y diversificar las iniciativas de supervisión del mercado en línea para hacerlo más seguro, al tiempo que se promueven activamente las conductas responsables de los consumidores y de los operadores económicos».

Los autores señalan que, para mejorar la seguridad del mercado digital, es necesario que las oficinas de farmacia y las nuevas empresas alimentarias digitales colaboraren. En particular, destacan el hecho de que las farmacias legales no hacen siempre un uso correcto del logotipo europeo que identifica la dispensación legal de medicamentos. El OBD recuerda que «los medicamentos no son meros bienes de consumo y, por tanto, las oficinas de farmacia no los venden, sino que los dispensan». El documento subraya que los medicamentos y su distribución «requieren unos estándares de seguridad, fiabilidad y credibilidad; su suministro a través de oficinas de farmacia forma parte de su catálogo de garantías». Estas garantías no existen cuando el medicamento se obtiene en línea fuera de la farmacia legal digital.

Paramedicina en línea
El documento pone de manifiesto cómo «diferentes tipos de medicina alternativa, que en sí mismas son un problema de salud pública, encuentran un terreno fértil en la distribución en línea». Asimismo, destaca: «Asistimos a un fenómeno en el que, a veces, se mezcla la oferta de medicamentos legales con complementos alimenticios o productos homeopáticos, lo que transmite al usuario la creencia de que todos estos productos son igualmente curativos y están científicamente probados». Los autores hacen un llamamiento a las farmacias digitales legales para que separen «la venta de medicamentos y productos sanitarios de la venta de productos de parafarmacia y de medicina alternativa, para evitar equiparar productos de medicina alternativa y medicamentos».

Automedicación
En este sentido, el documento advierte sobre el hecho de que Internet favorece el riesgo de la automedicación, ya que «la información existente (...) sugiere a los usuarios que pueden autodiagnosticarse su enfermedad», y ante la posibilidad de comprar el medicamento en línea, «el usuario no solo se atreve a autodiagnosticarse, sino que también se anima a automedicarse».

Desprotección de los datos personales
Se dedica todo un apartado a los datos personales de los usuarios de la farmacia digital, para advertir que «la información personal sensible que se puede extraer de la dispensación en línea puede afectar a la intimidad más que el consumo de cualquier otro bien o servicio por medio de la red». El documento señala que resolver el problema del tratamiento de los datos personales en la farmacia digital es un paso indispensable para plantear cambios normativos que permitan el acceso digital a medicamentos con receta.

Digitalización de la venta al detalle de alimentos
En cuanto a los alimentos, el documento se hace eco de varias iniciativas en Europa que han constatado que estos productos presentan tasas mucho más elevadas de incumplimiento de la normativa alimentaria cuando son distribuidos a través de Internet por operadores 100 % digitales (incumplimiento que puede alcanzar el 90 % en algunos sectores). Así pues, recomienda construir un diálogo con los nuevos operadores de la industria alimentaria, las plataformas y las autoridades para garantizar la seguridad del mercado digital velando por el cumplimiento de la normativa vigente de manipulación, producción y distribución de productos alimenticios.

Respecto a la venta de alimentos, los autores defienden que la oferta digital puede ser un potente dinamizador de sistemas alimentarios locales y sostenibles, «para hacer el sistema alimentario más universal, resiliente y sostenible», ya que permite a nuevos operadores conectar directamente con los consumidores sin intermediarios.

Se alerta, sin embargo, de los efectos perversos que conlleva, como que termine retroalimentando los monopolios (la compra de Whole Foods por Amazon, en Estados Unidos, es buen ejemplo de ello), que afecte al medioambiente (los materiales plásticos se multiplican) o que tenga consecuencias sociolaborales negativas (precarización de los trabajadores de almacén y repartidores). Por ello, recomienda educar al consumidor sobre las externalidades de la compra digital. En este sentido, los autores recomiendan a los ciudadanos tomar conciencia «sobre los efectos colaterales del modelo de compra en línea sobre el sistema de producción y distribución de alimentos (...), y asumir la responsabilidad que ello implica».

Economía colaborativa, medicamentos y alimentos
El documento también recomienda a los ciudadanos prosumidores (según el OBD, ciudadanos que ponen productos a disposición de otros ciudadanos sin dedicarse profesionalmente a la distribución) que sean conscientes de las responsabilidades legales y sociales que conlleva poner alimentos en circulación.

Finalmente, los autores señalan que ofrecer por Internet aquellos alimentos que no se podrán consumir a tiempo para que otros los aprovechen puede limitar el despilfarro alimentario, pero hacerlo sin garantías sanitarias adecuadas puede poner en riesgo la salud de quien recibirá el alimento en casa. Análogamente, destacan la necesidad de comprender que ofrecer medicamentos y productos sanitarios a otros a través de plataformas digitales vulnera la normativa aplicable y puede generar problemas importantes de salud pública.

 

Máster en Bioética y Derecho UB